Opinión

INTELIGENCIA EN MÉXICO

 Maneja una Grand Cherokee blindada, a simple vista pasa desapercibido de no ser por las placas diplomáticas que porta. Busca entre el bajo mundo;  soplones, expolicías, periodistas, teiboleras, delincuentes menores; información que le ayude a cumplir con su labor.

No confía en los policías locales y sólo a algunos ya probados, les intercambia información que luego le servirá. Porta discretamente una escuadra calibre 9 milímetros por si se ofrece, pero sólo en la guantera, jamás en la cintura.

Recorre todos los días las calles de Monterrey, hablando con gente, indagando.

Cuando no, está en la oficina, de la avenida Constitución, enmedio del papeleo de una que otra investigación, haciendo llamadas, otras checando archivos criminales o consultando bases de datos en donde “corre” los nombres de sospechosos y candidatos a las listas de los más buscados, para que una vez que crucen la frontera estadounidense, capturarlos.

Su imagen es muy lejana a la de los policías de película hollywoodense; más bien, parece policía mexicano con cierto acento “pocho”, hasta podría pasar por narco, sólo que lo bien rasurado, la ausencia de joyería ostentosa y su preferencia por las camisas con cuello tipo “windsor” no encajaría con el perfil criminal.

Su trabajo, al igual que el de sus compañeros, ha servido para construir grandes operaciones contra la delincuencia organizada como la “Operación Millennium” “Operación Marquis” “Operación Choza Rica”.

Es parte de la fuerza policial de agentes federales basados en Monterrey y a lo largo y ancho de México, y que día a día realizan investigación hasta donde les es posible, e incluso a veces,  más allá de la línea legal que les permite o impide su rango de acción.

Pertenecen al FBI, la DEA, y al recién creado DHS (Departament of Homeland Security), la supercorporación que ahora aglutina al Servicio de Aduanas y el departamento de Inmigración y Naturalización estadounidenses, entre otras oficinas.

No lo reconocen abiertamente, pero también interceptan llamadas de teléfonos que son rica fuente de información. Buscan desde “polleros”, hasta narcotraficantes y terroristas. No quieren que nada se les cuele por la frontera, tienen muy presente el error del 9/11.

Prefieren hacerlo así, a veces en el terreno legal y a veces al amparo de la oscuridad, porque,  sólo así resulta.

La complicidad de la policía mexicana con la delincuencia es tan evidente, que son numerosas las ocasiones en que una investigación “se les cae” gracias a la filtración que se dio tan pronto y dieron aviso a las autoridades de este lado de la frontera.

Existen varios testimonios que dan cuenta de su participación activa en operativos como el de captura de Juan García Abrego, en una quinta de Juárez Nuevo León, en donde prefirieron acompañar a los policías federales mexicanos hasta que personalmente vieron que habían esposado y trasladado a su presa. Hay incluso quien asegura que en fotografías un agente aparece en México con una chamarra con las siglas de la PJF y al llegar a Houston, Texas la misma persona baja del avión con otra chaqueta que traía las siglas del FBI.

Otra evidencia incluso está plasmada en la misma ficha de Osiel Cárdenas Guillén como el más buscado, antes de que pisara La Palma: “En noviembre 9 de 1999, Cardenas Guillen, Adan Medrano y otros seis individuos fuertemente armados detuvieron por la fuerza un vehículo con placas diplomáticas ocupado por un agente del FBI y un agente de la DEA en Matamoros, Tamaulias, México”, reza en inglés.

“Cárdenas Guillén y el grupo de hombres intentaron bajar a los agentes del vehículo y constantemete los amenazaron con que los matarían. Después de este tenso incidente, se les permitió retirarse”.

En otros reportes oficiales estadounidenses se asegura que los dos agentes traían en la camioneta a un ex periodista quien les daba santo y seña de las casas de seguridad, domicilios y demás operaciones del Cártel del Golfo y que la mayoría de los hombres armados que acompañaban a Osiel durante el incidente eran agentes efectivos de la Policía Judicial tamaulipeca.

Ahora, salta de nuevo a la polémica la operación de los agentes federales nortamericanos en territorio mexicano, a raíz de la supuesta intercepción de llamadas entre un narco y un alto funcionario de Los Pinos.

La intercepción telefónica existe. Hay incluso especialistas que consiguen contratos “subrogados” en dependencias policiacas estatales o federales. Unos más prefieren como cliente a la delincuencia organizada  porque paga mejor y no pide factura..

La ley donde se establecen los candados y dejan la reserva para autorizar en manos de un juez o un ministerio público es letra muerta. Lo cierto es que sean gringos o mexicanos, malos o buenos, policías o delincuentes, cada uno hará lo que esté a su alcance por obtener la información de inteligencia que su bando le exige. Como dicen, en la guerra y en el amor, todo se vale. Y así seguiremos viendo informaciones, grabaciones o videos “filtrados” cuando a alguien así le conviene.

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